En redes sociales circulan videos que afirman que conservar el pan en el congelador mejora sus propiedades nutritivas. Se mencionó que algunos estudios respaldan esta idea, pero, ¿realmente existen beneficios comprobados?
Desde el punto de vista científico, el proceso de cocción del pan transforma los almidones presentes en la harina y se hacen más fáciles de digerir. Sin embargo, cuando estos almidones se enfrían, pueden cambiar su estructura y convertirse en almidones resistentes que el cuerpo no descompone con la misma rapidez.
Algunos estudios analizaron la relación entre el pan congelado y los niveles de glucosa en sangre. Una investigación descubrió que al congelar, descongelar y tostar pan casero, se podía reducir hasta un 39% la respuesta glucémica. Sin embargo, este efecto no fue el mismo en panes comerciales, lo que sugiere que la composición y el proceso de elaboración juegan un papel clave.
Los expertos señalan que estos cambios pueden influir momentáneamente en la digestibilidad de los almidones y en la absorción de azúcares. No obstante, los efectos a largo plazo sobre el peso, el apetito o el riesgo de enfermedades como la diabetes tipo 2 no están del todo claros.
Además, el almidón resistente generado en estos procesos puede ser beneficioso para la microbiota intestinal. También se observó que podría mejorar la sensibilidad a la insulina y contribuir a la reducción del colesterol.
Si bien los beneficios del pan congelado son modestos, conservarlo de esta manera puede ser una opción útil para evitar el desperdicio de alimentos. Aunque no represente un cambio drástico en la salud, es una alternativa práctica que podría aportar algunas ventajas adicionales.
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