Decir palabrotas es históricamente considerado una muestra de falta de educación o de agresividad. Sin embargo, un trabajo realizado por especialistas de Cambridge y otras universidades desafía este prejuicio al indicar que el uso de expresiones subidas de tono podría ser un reflejo de mayor honestidad. Según el análisis, quienes insultan con frecuencia tienden a expresar sus emociones de manera más espontánea, sin filtrar sus pensamientos para encajar en normas sociales.
La investigación, publicada en el diario Social Psychological and Personality Science, se llevó a cabo por un equipo de expertos de Reino Unido, Estados Unidos, Holanda y Hong Kong. Para medir la relación entre el uso de malas palabras y la sinceridad, analizaron interacciones en redes sociales y encuestaron a 276 personas sobre su lenguaje cotidiano. Luego, sometieron a este último grupo a pruebas que incluían detectores de mentiras y observaron que aquellos que admitieron maldecir con más frecuencia fueron los que obtuvieron mejores resultados en los exámenes de veracidad.
«La conexión entre la blasfemia y la honestidad es interesante. Si alguien no está moderando su lenguaje para sonar más aceptable, es probable que tampoco esté filtrando sus opiniones», explicó el Dr. David Stillwell, uno de los autores del estudio. Además, señalaron que las palabras malsonantes pueden servir como recurso para captar la atención y generar vínculos más cercanos en un grupo social.
Aunque las malas palabras pueden ser un indicador de transparencia, también pueden resultar inapropiadas en ciertos ámbitos. Por lo tanto, el estudio no promueve su uso indiscriminado, sino que busca desafiar la idea de que siempre son una señal de agresividad o falta de respeto.



