Taylor Swift anunció el pasado 30 de mayo que recuperó oficialmente la propiedad de sus grabaciones maestras y así cierra uno de los capítulos más intensos de su carrera.

Los derechos estaban en manos de Shamrock Capital, la firma que los adquirió a finales de 2020 de Ithaca Holdings, compañía de Scooter Braun.

Según Billboard, Swift recompró su catálogo por una cifra cercana a los 360 millones de dólares, equivalente al monto que Shamrock había pagado en su momento.

A través de un mensaje publicado en su sitio web, la artista expresó:

“Todas las veces que estuve tan cerca, tratando de alcanzarlo, solo para que se desvaneciera… Pero eso ya quedó en el pasado… Ahora realmente puedo decir estas palabras: Toda la música que he hecho… ahora me pertenece. Todos mis videos musicales. Todas las películas de conciertos. Las portadas y la fotografía de mis álbumes. Las canciones inéditas. Los recuerdos. La magia. La locura. Cada era. Toda mi vida de trabajo”.

El conflicto por sus masters

La disputa comenzó en 2019, cuando Braun compró Big Machine Label Group —propietaria de los primeros seis álbumes de Swift— por aproximadamente 300 millones de dólares.

Desde entonces, la cantante denunció públicamente que no tuvo oportunidad de comprar su música y describió la venta como una traición.

En respuesta, inició un ambicioso proyecto de regrabaciones para retomar el control artístico y comercial de su catálogo.

Así nacieron álbumes como Fearless (Taylor’s Version), Red (Taylor’s Version), Speak Now (Taylor’s Version) y 1989 (Taylor’s Version), todos éxitos absolutos que encabezaron los rankings globales.

Ahora con la compra, Taylor Swift no solo recupera el control total sobre su música, sino que también cierra con broche de oro una batalla de seis años por sus derechos creativos.

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