Originarias de la Península de Yucatán, las abejas meliponas carecen de aguijón, aunque defienden su colmena al morder con gran ferocidad. Su producción es limitada (una colmena genera apenas alrededor de 1,5 litros de miel al año), pero esta miel es mucho más nutritiva y medicinal que la de las abejas europeas, con un polen que contiene un 50% más de proteínas.

Para los mayas, la miel de la melipona era considerada un “alimento del Sol, creador y regenerador” y se rendían entre cuatro y seis tributos anuales en honor a estas abejas. La miel era un ingrediente central en remedios tradicionales para curar quemaduras, heridas, dolencias respiratorias y diversas enfermedades. 

El propóleo y la cera de estas abejas también se emplean en medicina natural y rituales tradicionales. Además, es valorada en la cosmética ya que se utiliza en jabones, cremas y otros productos. 

Además de su valor medicinal, las abejas meliponas cumplen un papel ecológico fundamental al polinizar cultivos como el aguacate, mango, chile habanero, café y tomate, entre otros. Sin embargo, la supervivencia de estas abejas nativas está amenazada, por lo que iniciativas locales trabajan para conservarlas y preservar este legado ancestral.

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