Durante mucho tiempo, las muelas de juicio fueron consideradas un remanente evolutivo sin función relevante. Sin embargo, la ciencia descubrió que su pulpa dental es rica en células madre capaces de diferenciarse en varios tipos de tejidos humanos. 

Este descubrimiento abre un abanico de posibilidades para el tratamiento de enfermedades degenerativas como el párkinson y el alzhéimer, así como para abordar problemas cardíacos. Lo que tradicionalmente se desechaba tras la extracción podría, en el futuro, almacenarse en biobancos especializados para terapias personalizadas.

La visión evolutiva de las muelas de juicio también experimenta una transformación. Si bien hace miles de años cumplían una función crucial en la masticación de alimentos duros, la evolución hacia dietas más blandas y mandíbulas más pequeñas las relegó a menudo a la categoría de piezas problemáticas. 

En países como Estados Unidos y gran parte de Europa, la extracción preventiva se convirtió en una práctica extendida. Sin embargo, algunas clínicas ya ofrecen la opción de recolectar y criopreservar estas células para su uso futuro por el propio paciente.

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