En 1982, la Guerra de Malvinas transformó la rutina apacible de Claromecó. Un grupo de vecinos, encabezados por el radioaficionado Omar Ángel López Cabañas, convirtió el faro del pueblo en un centro de operaciones clandestino. Desde allí, interceptaron mensajes del Reino Unido, alteraron comunicaciones e incluso colaboraron con las Fuerzas Armadas Argentinas.

Ubicado en la costa bonaerense, el faro de Claromecó es una referencia para los navegantes desde 1922. Pero durante la Guerra de Malvinas, su función cambió radicalmente. Mientras la población local se adaptaba a los apagones preventivos, López Cabañas, experto en electromecánica y radioafición, comenzó a captar señales de ambos bandos.

“Todos creíamos que los ingleses no iban a venir porque estaban lejos, pero en esa señal que captó se descubrió que el plan que tenían era hacer base y reabastecerse en la Isla Ascensión”, relató Rolando Flórez, integrante del Museo Regional Aníbal Paz.

Con la ayuda de vecinos, López Cabañas instaló antenas rudimentarias en la cima del faro. Lo que comenzó como una búsqueda de información pronto se convirtió en una estrategia de sabotaje: impidieron la triangulación de comunicaciones británicas y sembraron confusión en la cadena de mando enemiga.

La voz que desconcertó a los británicos

Uno de los momentos clave de la operación fue cuando descubrieron que muchas instrucciones en la flota británica eran dictadas por una voz femenina. Con esa información, idearon una estrategia para interferir.

“Cuando escuchó que una locutora hablaba desde la Isla Ascensión, Lito (como lo llamaban a Cabañas) llamó a Susana Ferrando, una vecina traductora de inglés. Susana se encargaba de leer partes de guerra que el propio Cabañas escribía con la modalidad británica”, detalló Hugo Cortés, otro participante de la operación.

Las falsas transmisiones lograron confundir al enemigo y generaron retrasos en movimientos y decisiones clave.

El papel clave en el ataque al portaaviones Invencible

López Cabañas y su equipo también interceptaron la ubicación del portaaviones británico HMS Invincible. Esa información fue comunicada a la Armada Argentina, que el 30 de mayo de 1982 llevó a cabo un ataque contra el buque. Si bien las versiones sobre el impacto final son contradictorias, en Claromecó están convencidos de que su aporte fue crucial. “Nosotros ya lo sabíamos antes que el resto”, afirmó Cortés sobre la noticia del ataque.

El fin de la guerra y un reconocimiento

Al concluir la guerra, las Fuerzas Armadas Argentinas ofrecieron a López Cabañas una condecoración y un rango militar, pero él los rechazó. En cambio, propuso venderles su sistema de interferencia, pero el ejército no mostró interés.

Tiempo después, según cuentan las fuentes, representantes británicos se contactaron con él y adquirieron su invento. No se conocen los términos de la negociación, pero el radioaficionado regresó de su viaje al Reino Unido sin su equipo, satisfecho de que su creación había captado el interés de una potencia militar.

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