Argentina, a través del Ministerio de Salud y la ANMAT, anunció que trabaja en un plan para prohibir el uso de colorantes sintéticos derivados del petróleo en golosinas y alimentos ultraprocesados. Esta decisión se inspira en la estrategia adoptada por la FDA en Estados Unidos, donde ya comenzó un proceso para eliminar gradualmente aditivos como el Rojo Cítrico N°2, Naranja B, FD&C Verde N°3, Rojo N°40, Amarillo N°5 y N°6, Azul N°1 y N°2, varios de los cuales también están permitidos en Argentina.
El ministro de Salud, Mario Lugones, confirmó la iniciativa y explicó que la prioridad será eliminar aquellos colorantes cuyo uso está más extendido en el Mercosur. «La industria alimentaria genera obesidad que después necesita medicamentos. Eso tiene que ser al revés», afirmó Lugones durante su intervención en la cumbre de la Cámara de Comercio de Estados Unidos en Argentina (AmCham).
El plan oficial no prevé una eliminación abrupta, sino un proceso ordenado y consensuado con la industria, que incluye rondas de consulta para definir el cronograma de adecuación y el grado de uso actual de estos aditivos. Se otorgarán plazos razonables para que los fabricantes puedan reemplazar los colorantes sintéticos por alternativas naturales, como fosfato cálcico, extractos de microalgas (Galdieria sulphuraria), pigmento azul de gardenia y extracto de la flor Clitoria ternatea.
Riesgos para la salud de los colorantes
La decisión de avanzar con esta regulación se fundamenta en estudios científicos que vinculan el consumo de colorantes sintéticos con efectos adversos, sobre todo en niños. Un artículo reciente de la revista JAMA, firmado por el pediatra Mark Miller, concluye: “La evidencia actual de estudios en humanos, principalmente de estudios de exposición controlada en niños, respalda una relación entre la exposición a colorantes alimentarios y resultados conductuales adversos en niños, tanto con como sin trastornos de conducta preexistentes”.
Investigaciones lideradas por el psiquiatra Joel Nigg, de la Universidad de Salud y Ciencias de Oregón, equiparan el riesgo de estos aditivos al de la contaminación ambiental y advierten que pueden contribuir al desarrollo de trastornos como el TDAH, aunque no sean la causa principal. En Argentina, el médico genetista Jorge Dotto alertó sobre los efectos de estos colorantes en menores, como irritabilidad, problemas de sueño, falta de concentración y cambios de ánimo.
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