Las investigaciones demuestran que los bebés sonríen mucho más que los adultos. En promedio, un bebé sonríe alrededor de 400 veces al día, mientras que las mujeres promedian unas 62 sonrisas diarias y los hombres solo 8. Esta diferencia en los hábitos de sonrisa entre géneros se puede atribuir a varios factores, como el funcionamiento de los músculos faciales y las expectativas sociales. 

La capacidad para reír y sonreír es esencial para el desarrollo emocional y la salud de los niños. La risa y la sonrisa forman parte de los instintos del ser humano y aportan numerosos beneficios fisiológicos y psicológicos.

Desde el punto de vista fisiológico, reír fortalece el corazón, dilata los vasos sanguíneos, mejora la respiración y la tensión arterial. Además, fortalece los lazos afectivos y emocionales, aumenta la actividad del sistema inmunológico, disminuye la percepción del dolor y reduce la ansiedad y el miedo. La risa también mejora el estado psicológico y disminuye el cortisol (la hormona del estrés) y libera endorfinas que actúan como analgésicos naturales.

La importancia de la risa y la sonrisa llevó a desarrollar terapias como la risoterapia, popularizada por el doctor Hunter Doherty «Patch» Adams. Su enfoque en la empatía y el buen humor como parte del tratamiento médico inspiró a grupos de payasos que trabajan en hospitales infantiles para alegrar y facilitar la vida hospitalaria de los niños.

Quizás la razón más convincente para sonreír es que la sonrisa puede alargar nuestra vida útil en general. Existen estudios que demuestran que una sonrisa genuina e intensa se asocia con una vida más larga. En general, las personas felices parecen disfrutar de una mejor salud y mayor longevidad.

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